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A las puertas de Europa, Portugal ha sido un escenario fundamental en la historia de sucesivas civilizaciones desde hace varios miles de años y ha jugado un gran papel como potencia mundial, especialmente en la Era de los Descubrimientos. En la actualidad, este currículum vital se traduce en un rico patrimonio histórico-artístico, que se suma a la diversidad de su entorno natural, sus fiestas y su gastronomía.

Oporto es la segunda ciudad más importante de Portugal. Situada en el norte del país, junto a la desembocadura del río Duero, está hecha para ser recorrida a pie, por sus estrechas calles cargadas de historia y aire nostálgico. Su casco viejo, declarado Patrimonio de la Humanidad, alberga monumentos tan importantes como el Palacio de la Bolsa, la Catedral, el Palacio Episcopal o la Torre de los Clérigos.

En la Región Centro, Coímbra es la ciudad universitaria por excelencia de Portugal, así como la cuna de los reyes portugueses. Situada en una colina a orillas del río Mondego, Coímbra conserva construcciones romanas como el acueducto y el criptopórtico, así como edificios medievales, cuando era la capital del país. Admira la sede de la Universidad, las Catedrales, la Iglesia de Santa Cruz, la Plaza del Comercio, o el Jardín Botánico.

En la misma región, Aveiro es conocida como la Venecia portuguesa por los canales que surcan el centro de la ciudad. El barrio de Beira Mar es el más popular, donde se concentra la esencia de su historia, con sus callejuelas, la típica arquitectura tradicional y el olor a sal. Sin olvidar los azulejos, presentes en todo tipo de edificios.

Otra ciudad histórica es Braga, siendo uno de sus principales hitos la creación de la archidiócesis bracarense en el siglo III, que tiene como máximo exponente su Catedral, considerada uno de los templos más importantes del románico portugués.

Évora, en el sur, constituye una visita ineludible en el Alentejo. Declarada Patrimonio de la Humanidad, presenta estilos artísticos de cada etapa de su historia, de ahí su apodo de “ciudad-museo”. El palacio del arzobispo, la catedral, la iglesia de Sao Francisco o el Templo romano son algunos de sus monumentos más destacados. En la región de Évora también se encuentra el crómlech de los Almendros, uno de los monumentos megalíticos más importantes de Europa.

Las ciudades y pueblos que merecen una visita en Portugal son tantas… También vale la pena visitar Guimarães, Chaves, Elvas, Viana do Castelo, Bragança o Guarda, así como las aldeas históricas del país, como Marialva, Belmonte o Castelo Rodrigo.

Las tradiciones y el folclore son muy ricos en Portugal, dando lugar a un calendario cargado de fiestas durante todo el año. Asistir al Carnaval, la feria rural de la Ovibeja del Alentejo, la Queima das Fitas de Coimbra, la Peregrinación a Fátima, la Feria del Albariño o San Antonio en Lisboa, aportan el plus a tu visita al país vecino.

Portugal rezuma naturaleza por todos sus costados, desde las montañas del interior norteño, hasta las suaves colinas y llanuras del Alentejo, en el sur. Para conocer mejor esta diversidad merece la pena visitar alguno de sus parques naturales, como Peneda-Gerês, Duero Internacional, Sierra de la Estrella o Tajo Internacional.

La costa portuguesa es extensa, abarcando la mayor parte de la costa atlántica de la Península Ibérica, así como las islas de Azores y Madeira. Los acantilados y arenales se combinan para crear playas únicas de gran belleza, siendo las más alabadas las del Algarve, en la zona conocida como Costa de Oro.

Situada en la desembocadura del río Tajo, Lisboa es la capital y la mayor ciudad de Portugal. Es uno de los grandes centros culturales europeos y sus barrios, marcados por la topografía de las siete colinas sobre las que se asienta, ofrecen todo tipo opciones: historia, arquitectura, tradiciones, modernidad o diversión.

El corazón de la ciudad es la Baixa, que quedó prácticamente en ruinas tras el terremoto de 1755. Hoy muestra un urbanismo de calles cuadriculadas, obra del Marqués de Pombal, en las que destacan el Teatro Nacional, la Praça do Comercio y el Rossio.

Otros lugares de interés de esta urbe, que se mueve a ritmo de fado y con la presencia del nostálgico tranvía 28, son la Catedral, el Castillo de San Jorge, el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belém, el barrio del Chiado o el Parque de las Naciones.

Estando en Lisboa, una visita que no puedes perderte es la villa de Sintra, a tan sólo 30 km de la capital. Se la conoce sobre todo por sus palacios y edificios de gran porte, embellecidos por jardines y su entorno natural. Por citar algunos, el Palacio da Pena, el Castelo dos Mouros, el Palacio Nacional de Sintra o la Quinta da Regaleira.

Como vecino íntimo de España, Portugal también presume de cocina mediterránea, enriquecida con las influencias de sus antiguas colonias de Asia, África y América. Entre sus principales ingredientes destacan el pan, el ajo, el aceite y el vino. Las carnes, los pescados y los quesos tampoco pueden faltar en la mesa.

Descubre el territorio portugués a través de sus platos típicos, como el caldo verde, la feijoada (guiso de judías con carne), el cocido a la portuguesa, el bacalao, el gazpacho o la chanfana. De postre, el dulce estrella son los irrepetibles pasteles de Belém.

Ciudades cosmopolitas, pueblos históricos, parques naturales, playas, fiestas y una gastronomía donde manda el bacalao y los pasteles de Belém. Portugal es un país para disfrutarlo en cualquier estación del año.