DONDE LA MEMORIA NAZARÍ LATE EN CADA RINCÓN /
Durante el periodo nazarí, entre los siglos XIII y XV, Granada se consolidó como uno de los grandes centros europeos de producción de seda. Este cortijo fue entonces un enclave esencial dentro de esa tradición, apoyado en antiguas estructuras agrícolas que sustentaban un cultivo clave para la riqueza y la cultura de la ciudad.
Al recorrer hoy la finca, esa herencia artesanal sigue presente. La memoria de las manos que trabajaron el hilo fino se entrelaza con el susurro del olivar y la quietud del paisaje. En 1890 se levantó el secadero, un edificio que, tras su cuidada restauración, acoge actualmente el restaurante y espacios para eventos, reuniones y coworking, conservando intacta la esencia de la vida rural y su valor histórico.
Tras décadas de reposo, la finca ha sido recuperada con una mirada respetuosa y consciente. Muros y techos originales dialogan con intervenciones contemporáneas que realzan su carácter sin diluir su pasado. Cada estancia mantiene viva la historia, ofreciendo al visitante la experiencia de habitar un lugar con raíces profundas, donde la memoria y el confort conviven en equilibrio. Así, el Cortijo de la Seda permite que la grandeza de su origen nazarí se funda con el lujo sereno que define su presente.

