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Menorca
un paraíso sostenible

Declarada Reserva de la Biosfera, Menorca es un destino para los amantes de la naturaleza, la cultura y el estilo de vida slow.

Menorca, tradicionalmente codiciada por diversas culturas debido a su estratégica situación en medio del Mar Mediterráneo, puede presumir en la actualidad de ser una isla tranquila y bien conservada, donde el crecimiento económico va de la mano del cuidado medioambiental y de la protección de su patrimonio cultural. A un ritmo sosegado, Menorca invita a conocer su prehistoria, representada por los poblados talayóticos; sus calas, playas y parajes naturales; las principales localidades de Mahón y Ciutadella; así como sus pueblos encalados y su gastronomía.

Ciutadella, la antigua capital de Menorca, es una de las principales localidades de la isla. Atesora un magnífico casco histórico y señorial, coronado por la Catedral de Menorca y el Castillo de San Nicolás. El puerto de Ciutadella es un espectáculo de color por la noche, ideal para pasear y cenar en alguno de sus restaurantes. Recorre sus calles angostas y descubre la plaza del Borne, la plaza de la Esplanada o el Museo de Ciutadella.

Vale la pena recorrer la isla y deleitarse con sus pueblos pesqueros y rurales, donde se conservan las tradiciones de antaño y se descubren rincones menos concurridos. Llucmaçanes está en mitad del campo y destaca por sus fiestas patronales, celebradas en agosto. Es Castell todavía mantiene su influencia inglesa en sus ventanas de guillotina o en el color rojo de algunas de sus fachadas.

Fornells es uno de los típicos pueblos de pescadores de Menorca, con sus callejuelas de sabor mediterráneo y casas encaladas. Aquí el puerto es parte fundamental de su día a día y es un lugar idóneo para comer buen pescado y marisco. Otros núcleos de interés son Alaior, origen de los famosos helados La Menorquina; Es Mercadal, al pie del Monte Toro; o el pueblecito blanco de Sant Lluís, fundado por los franceses.

Uno de los grandes atractivos culturales de Menorca es su patrimonio arqueológico. Los numerosos vestigios de poblaciones talayóticas nos transportan a la Edad de Bronce y a sus construcciones megalíticas. Son de especial interés la Naveta des Tudons, el monumento funerario más importante de Menorca y de todo el archipiélago balear; el poblado de Torre d’en Galmés, el más grande de la isla; o el poblado de Trepucó.

El caballo tiene un papel muy destacado en la cultura menorquina, por eso no es de extrañar que sea el protagonista de sus fiestas. Son típicos los “jaleos”, en los que la gente ayuda a levantar a los caballos, montados por sus jinetes, sobre dos patas. Las fiestas más populares son las de San Juan de Ciudadela, en el mes de junio, que son además las más antiguas de la isla, remontándose al siglo XIV. También destacan las de la Mare de Déu de Gràcia de Mahón, en septiembre, o San Antonio de Fornells, en julio.

La diversidad paisajística, el rico patrimonio cultural y el desarrollo socioeconómico sostenible de Menorca, han sido los responsables de su declaración como Reserva de la Biosfera. A pesar de su pequeño tamaño, esta isla balear presenta muchas opciones para disfrutar de la naturaleza, en la montaña o junto al mar.

De visita obligatoria es el Parque Natural de la Albufera des Graus, compuesto de zonas húmedas, bosques, dunas, terrenos agrícolas y ganaderos, acantilados, playas y zonas marinas. Todo un paraíso para los amantes de la naturaleza, con presencia de numerosos endemismos y especies como el águila pescadora o la lagartija balear.

Una estupenda idea para conocer el entorno natural de Menorca es realizar una ruta a caballo por el Camí de Cavalls, que rodea completamente la isla. En la costa es imposible resistirse a darse un baño o practicar deportes acuáticos en sus calas y playas de aguas cristalinas, como Turqueta, Galdana, Macaralleta, La Vall, Es Talaier o Santo Tomás.

En el este de Menorca se encuentra Mahón, la capital de la isla, que cuenta con uno de los mejores puertos naturales del mundo. En pleno centro del Mediterráneo, su puerto ha propiciado los continuos cambios de soberanía de la ciudad y de la isla a lo largo de la historia, en manos de cartagineses, musulmanes, ingleses y españoles, entre otros.

Además de pasear por su puerto, visitar la Fortaleza de la Mola o acercarse a alguna de las islas vecinas, Mahón invita a conocer las calles y plazas de su casco antiguo. Aquí sorprenden sus casas burguesas y sus edificios históricos, como la iglesia de Santa María, el Ayuntamiento, el Bastión de San Roc, el Museo de Menorca o el Ateneo.

La gastronomía de Menorca es muy variada. Posee ingredientes y platos propios de los pueblos que conforman la isla, pero también ha tomado influencias catalanas, británicas, francesas o árabes. Su carácter marinero y campesino se refleja en los pescados y mariscos, así como en las verduras y hortalizas de la huerta. En este sentido, destaca la caldereta de langosta o las berenjenas rellenas.

También hay que probar la auténtica mahonesa, pues tiene su origen en Menorca, queso de Mahón, sobrasada, butifarra, Oliaigua (sopa), caracoles o arroz de la tierra. Para el postre hay mucho donde elegir, carquinyols, pastissets, coca, pudding, ensaimadas… Y para beber, la ginebra Gin Xoriguer, vino de Menorca, la malvasía o los licores de Menorca, como el licor de rosas.

Calas y playas, espacios naturales, patrimonio arqueológico, conjuntos históricos, pueblos pesqueros y buena gastronomía. Visita Menorca y entenderás por qué la UNESCO la declaró Reserva de la Biosfera.

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