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Nacimiento del Río Pitarque

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El río Pitarque es un afluente del río Guadalope y su nacimiento es un espectáculo digno de ver, porque nace con fuerza formando cascadas y pozas cristalinas en un cañón de roca caliza. Para llegar hasta allí hay que realizar un sendero lineal desde el pueblo de Pitarque, que está bien señalizado y no reviste dificultad, salvo los últimos metros, que incorporan peldaños y asideros metálicos. En total, 3 horas de duración, incluyendo la vuelta por el mismo camino.

En las partes bajas se despliega un bosque propio de ribera, pero conforme se va ascendiendo el paisaje cambia y aparecen quejigos, avellanos, tilos, aulagas, olmos, arces, sauces y bojes. Durante buena parte del camino también se puede disfrutar de las vistas a la mole de Peñarrubia. Al vislumbrar la ermita de la Virgen de la Peña sabemos que hemos llegado a la mitad del recorrido y, poco a poco, el cauce a nuestra izquierda se va estrechando y penetrando en el cañón, tomando un carácter más abrupto y una vegetación más densa.

La estrechez del cañón ahoga el cauce del río y para seguir hay que cruzar una pequeña pasarela que nos conduce a una enorme chimenea. En las épocas de lluvia es cuando el agua rebosa por su boca y se convierte en una enérgica cascada. Un poco más arriba se llega al Nacimiento del Río Pitarque, también llamado “El Ojo de la Fuente”. Debajo de la gruta donde nace el río impetuosamente hay una gran poza donde es posible darse un baño, ojo, sólo para valientes, porque el agua está muy fría. Teniendo en cuenta lo anterior, la mejor época para visitar el Monumento Natural en todo su esplendor es en primavera o en otoño, después de las lluvias intensas.

Además de la vegetación, que ya documentó en el siglo XIX el botánico aragonés Ignacio Jordán de Asso y del Río, la fauna de Pitarque es también variada. Destacan los buitres y la cabra montesa, y en las aguas del río, la trucha y la nutria. La excursión al Nacimiento de Pitarque se debe completar con la visita a los pueblos cercanos y a otras maravillas naturales cercanas. Lo ideal es llegar por la carretera de Alcañiz. Entre Ejulve y Villarluengo se encuentra el mirador de los Órganos de Montoro, donde se contempla un conjunto de agujas pétreas de más de 200 metros de altura. Esta carretera también permite disfrutar del contraste de la desnudez del terreno con las extrovertidas aguas de Pitarque.

¿Qué pueblos visitar? En el corazón de la comarca y coronando un enorme espolón rocoso al borde de un profundo barranco se encuentra Villarluengo. Cañada de Benatanduz también goza de un entorno espectacular, al pie de la Sierra de la Cañada y sobre los desfiladeros que llevan su nombre, siendo el municipio más alto de todo el Maestrazgo. Cantavieja es la capital de la comarca y está declarado conjunto histórico-artístico. Destaca la plaza porticada dedicada a Cristo Rey, la iglesia de la Asunción, la Casa Consistorial y el Museo de las Guerras Carlistas.

La Iglesuela del Cid también alberga un casco antiguo muy bien conservado en el que no hay que perderse la iglesia de la Purificación, el santuario de la Virgen del Cid o la Casa de Blinque. Y no puede faltar la visita al pueblo amurallado de Mirambel, al pie de la montaña de San Cristóbal. Posee el mejor conjunto de casas solariegas y también merecen atención la antigua cárcel, el convento de las Monjas Agustinas y la Casas Consistorial. Mirambel también es el lugar idóneo para poner el broche al día y descansar en el hotel con encanto Las Moradas del Temple, una edificación tradicional rehabilitada en pleno casco antiguo, en la que predomina la piedra y la madera, y un descanso asegurado gracias a sus acogedoras suites.