Casinos en Los Monegros, penúltima lección
Mayo 11, 2009 by admin
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Oigo noticias de que los planeadores -de plan, no de planificación- del macrocomplejo de hoteles y casinos de Los Monegros ya han empezado a pagar a los vecinos del desdichado pueblo de Ontiñena un precio por sus tierras. Y me echo a temblar pensando en los fiascos de la Expo de Sevilla, del Parque Warner, de Terra Mítica y de cualquiera otro que en España pretenda fantasear con recibir quince millones de visitantes en un país que da de comer a once millones de mileuristas.
Fantasear es proyectar al estilo de la Expo sevillana. En sus proyecciones estaba recibir más visitantes de “muy alto poder adquisitivo” y “medio-alto poder adquisitivo” que pueblo llano. Y así se pusieron los precios de hoteles como el Radisson Príncipe de Asturias, de a 60.000 la noche, y surgieron hoteles de altos vuelos como champiñones, en la avenida de Kansas City (la llamaron así cuando la serie Bonanza) y por toda la ciudad. La realidad fue otra. Arrancó la Expo y aquello se llenó de hordas de familias del pueblo llano, parejas y grupos de jóvenes -también pueblo llano-, con el bocadillo envuelto en papel albal… que daba gloria oir los pitidos de los detectores de metales. “Bocata”, “Bocata”, parecían decir aquellos ingenios vergonzantes. Y la Dirección de la Expo puso coto a aquel abuso de pobreza, prohibiendo los bocadillos traídos del exterior, y cortando por lo sano aquellos pases de temporada que por un precio abordable daban acceso todos los días del evento. Por allí no era evidente lo del alto poder adquisitivo. Fue entonces que, sin pueblo llano, la Expo quedó semidesierta, los del alto poder adquisitivo fueron un día y no volvieron, y además no fueron ni la décima parte de los previstos. Y hubo que dejar pasar los bocatas del papel albal, y retomar los pases de temporada. Pero los restaurantes no fueron viento en popa, ni los vendedores de sándwiches a mil pelas tampoco. Los 33 millones de visitantes previstos fueron finalmente 15, porque los sevillanos repetidores no puntuaban igual.
Me pone los pelos de punta ver gobernantes formalmente contentos por el avance del macroproyecto de casinos y hoteles en Los Monegros, una obra que empieza este año y acaba (?) en 2020. Los batacazos de Terra Mítica -descafeinada en Terra Natura, y ahogada en escándalos de tejemanejes políticoinmobiliarios (ausencia de guión, pues se trata de un vocablo de plena entidad, ganado a pulso)-, del Parque Warner (otro que prohíbe los bocatas y vemos a las familias comiéndoselos en el parking para volver a entrar después, en un parque de ocio que recibió del presupuesto público hasta un tren, que hoy es tren fantasma) y las modestas constantes vitales de Port Aventura mantenidas por el tirón de la Costa Daurada y de toda Cataluña invitan a la reflexión. Jamás 15 millones de personas viajarán a Los Monegros para jugar a la ruleta. Los del alto poder adquisitivo prefieren Niza, Cannes o Montecarlo. -Y los de Ontiñena seguirán prefiriendo la partida de cartas del bar después de comer-. Un proyecto así es, para quien lo auspicie, una ruleta… rusa.
Vuelve “La Campana” de Elgorriaga
Abril 28, 2009 by admin
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“Piensa en global, actúa en local” ha sido eslógan del ecologismo en los últimos lustros, acompañando a un desarrollo económico basado en el libre comercio no ajeno a efectos medioambientales adversos. El libre comercio, la supresión de aduanas, la libre circulación de personas, mercancías y capitales ha alimentado una cierta euforia por la cual los países ricos no perdían comba -comprando en China y vendiendo en la Quinta Avenida- y los países pobres sustentaban con márgenes pírricos un desarrollo de dos dígitos porcentuales no siempre digno. Es en ese ambiente de avante toda que en los países ricos nos creíamos posibilitados para recorrer el planeta en vacaciones de ensueño en destinos exóticos, a golpe de tarjeta de crédito y animados por la expansión de las aerolíneas low cost. Estábamos aplicando la mitad del eslógan ecologista, pensábamos en global. Pero la euforia ha sido carrera de los cien metros, y con dopping, por lo que, como atletas en bajón emocional descubrimos las cosas buenas de la segunda mitad del eslógan. Y descubrimos, redescubrimos, los placeres de conocer nuestros valores cercanos. Y el Pirineo no es menos hermoso que las Rocosas, el somontano nos gusta más que el burdeos y descubrimos Patrimonios de la Humanidad que siempre estuvieron ahí. Un cierto miedo a lo global nos permite redescubrir lo local, los valores de una sociedad de un tiempo pasado, y al buen entender de un sociólogo-ecólogo eso tiene mucho de positivo. Creciendo con nuestros vecinos geográficos y culturales somos más capaces de manejar el futuro, y el turismo de cercanía gana adeptos. No siempre por motivos de presupuesto. Son muchos los que siguen destinando sumas importantes a una semana de vacaciones, pero han cambiado las arenas de Phuket por las nieves de la Vall d´Arán a todo trapo. En definitiva, podríamos ser los locales quienes cubramos el vacío que nos dejan turismos como el británico, redirigido hacia las costas de Turquía y Croacia. La hotelería con carácter, que se apuntó a la carrera de fondo, mantiene el mismo ritmo de años anteriores gracias a que el grueso de sus clientes son gente de mundo que sabiéndolo o no, ha sido moderadamente fiel al eslógan ecologista.
Conocerlo para quererlo… y cuidarlo
Abril 3, 2009 by admin
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La semana pasada cayó en mis manos una revista de Ciencia y Medio Ambiente en la que un científico experto afirma que “actualmente poseemos el conocimiento, las tecnologías y los medios económicos para construir un futuro sostenible. Sólo nos falta la voluntad política y el liderazgo”.
Parece que la voluntad política no se va a sustanciar hasta que el ciudadano no sea consciente de la importancia de introducir la sostenibilidad en el planteamiento productivo de las empresas, para poder disfrutar de una calidad de vida “agradable” y dejar un legado saludable a nuestros hijos. Cuando un número suficiente de ciudadanos lo pida los políticos lo llevarán en su agenda y tomarán decisiones y leyes que reflejen esa sensibilidad.
Creo que parte del problema es que el ciudadano ha perdido la conexión originaria con el medio natural, perdiendo así la capacidad de disfrutar y relacionarse con la naturaleza. La falta de uso de un órgano hace que se atrofie, de la misma manera una sensibilidad que no se cultiva desaparece. Las grandes concentraciones urbanas, los bloques de viviendas apiñados, el asfalto que nos aisla de la tierra, el uso del transporte mecanizado para cualquier desplazamiento, son factores que hacen que la gente le resulte complicado disfrutar de un paseo por un parque asombrándose de la diversidad de especies vegetales (árboles, arbustos, flores), animales (pájaros, ardillas, mariposas), y mucho menos salir al campo a disfrutarlo. Al final lo que se desconoce se deja de valorar y no nos afecta que se degrade o desaparezcan entornos naturales valiosos, porque no lo sentimos como nuestro. Por ello es muy importante la educación de nuestros hijos en la formación de una conciencia ecológica.
El fenónemo del crecimiento del Turismo Rural en la última década creo que tiene que ver con esa necesidad del ser humano de reconectar con el medio natural teniendo una experiencia de plena humanidad, que puede ser espiritual o mundana.








