La primavera austral es un privilegio en la costa de Punta del Este. La Posada Azul Marino se encuentra junto a las playas virginales de José Ignacio, y para refutar lo de “virginales” basta echar un vistazo a Google Hearth. Además, en octubre tenemos una excelente oportunidad de avistamiento de ballenas en esta costas…
Desde el aire, José Ignacio parece Peñíscola, un istmo discreto dominando el mar. Pero José Ignacio conserva valores a proteger, como unas playas infinitas sin el menor atisbo de hormigones en altura hasta llegar a Punta del Este. Estamos en el kilómetro 182 de la Ruta Nº 10, y el viajero, esta vez desde el suelo, se encuentra con un privilegiado rincón de la costa uruguaya. La actual aldea surgió al abrigo de un estratégico faro. Se trata de una pequeña península que se interna en el mar envuelta en dos kilómetros de arenas y un entorno natural de lagunas y bosque bajo. A un lado, mirando al oeste, está la Playa Mansa, con sus pequeños barcos pesqueros y sus mágicos atardeceres. Al otro lado, mirando al este, la Playa Brava, ancha y de imponentes olas. José Ignacio debe su nombre a un poblador del lugar que habitó la zona en la época de la conquista española. El Faro homónimo, símbolo del enclave, fue levantado en 1877 en el extremo más saliente y rocoso de la península. La Posada es un reducto de modernidad, de líneas rectas y diseños con vistas al mar que evoca su nombre, un escenario donde la naturaleza ha hecho prevalecer su abrumador encanto. Un hotel seductor, rodeado de jardín y con cuatro salones de lectura y juegos, en el que la tranquilidad y la paz casi se llevan bien con el viento.
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